martes, 3 de junio de 2014

POLICIAL ARGENTINO

NARRATIVA POLICIAL ARGENTINA

ORIGEN DE LA FIGURA DEL COMISARIO

  El escritor argentino J.L.Borges  pensaba que las culturas periféricas, como la argentina o la sudamericana, podían innovar y manejar todos los temas europeos “ con una irreverencia que puede tener y ya tiene, decía, consecuencias afortunadas. Esta idea la pone en práctica en “La muerte y la brújula”, un relato en el que las clásicas convenciones del género policial se transgreden. Allí, el detective Lonnrot, un razonador puro, se equivoca en su investigación y ese error lo lleva a la muerte. En la búsqueda del culpable de un triple asesinato lo acompaña el comisario Treviranus, un hombre que rinde culto al sentido común y cuyo saber está basado en la experiencia que le da el contacto con la realidad. Discute con Lonnrot el procedimiento para dilucidar el misterio y piensa que “ no hay que buscarle tres pies al gato”
   Con la incorporación de este comisario criollo, Borges inaugura para la tradición literaria policial argentina la figura del personaje que tiene a su cargo el develamiento del enigma, pero con características bien diferentes de las que vimos cuando analizamos al detective de procedencia anglosajona.
   Efectivamente, era imposible pensar por estas latitudes en un detective aristocrático, que se dedicara a la investigación del crimen por mero placer. Mucho más creíble resulta por supuesto, ese comisario rudimentario, con una inteligencia práctica, un hombre inculto pero profundo conocedor del alma humana.
   Borges, entonces, incorpora, como decíamos, el equivalente criollo del detective inglés, iniciando de esta manera una tradición a la que se plegarán otros escritores interesados en el género.

  El momento de auge de la literatura policial argentina lo ubicamos fundamentalmente en las décadas del 40 y 50.
Los comisarios  en la literatura policial argentina comparten una característica que los emparenta: el sentido común.
   Para despejar la incógnita de quién cometió el crimen, el clásico detective de la novela inglesa recurría a su prodigiosa inteligencia y en alardes de vanidad resolvía cada uno de los casos que se presentaban aplicando el método deductivo con una lógica implacable. Su enorme capacidad analítica. , acompañada de una refinada cultura, dejaban boquiabiertos a sus infaltables acompañantes y por supuesto al lector.
   Nuestros comisarios, en cambio, son hombres sencillos que para descubrir al culpable apelan a la enorme experiencia que les ha dado el trajinar por distintas comisarías a lo largo y ancho del país. Generalmente son provincianos y comparten con el detective clásico su condición de célibes. Suelen ser solteros o viudos, están solos, cobran un sueldo por su trabajo y no tienen familia.
   En el interior del relato, estos hombres narran sus aventuras justicieras a un interlocutor que puede ser un periodista o escritor, desde la serenidad que les proporciona su condición de comisarios retirados de la institución policial a la que han pertenecido cuando eran jóvenes. Esa institución policial tan criticada en el relato clásico por su ineficacia, es aquí el marco que les proporciona innumerables historias que pueblan la memoria de estos hombres maduros, alejados ya del servicio activo.
   Don Frutos Gómez de Ayala Gauna y Laurenzi de Rodolfo Walsh son seguramente los comisarios de nuestra narrativa que han alcanzado una mayor hondura psicológica y humana. Su relación con la institución es equívoca o por lo menos azarosa. De la lectura de los relatos nos enteramos que Laurenzi y  don Frutos son comisarios casi por casualidad, el destino los ha colocado allí sin que mediara la más mínima elección.
Por ejemplo don Frutos , de estatura mediana, robusto, de ojos pequeños y renegridos, es el símbolo de la picardía criolla: un  típico paisano correntino, más astuto que inteligente, pero conocedor profundo de los hombres, es además, humilde y generoso. Don Frutos sabe que cuando roba el rico es “cleptomanía”, y que cuando lo hace el pobre es “delito”. Con su particular modo de ejercer la justicia complementa las faltas y los fallos de la justicia institucional.

ESQUEMA NARRATIVO


   En muchos relatos de la producción argentina, la situación narrativa es similar a la del cuento clásico de procedencia inglesa, pero en nuestro caso se produce una variante importante: el ayudante, en su doble función de receptor del relato que el detective le cuenta (en este caso, el comisario), y al mismo tiempo narrador de lo que escucha, es reemplazado en nuestra producción local, por un periodista o escritor, que no ha participado de los hechos por la simple razón de que éstos ocurrieron en un pasado lejano a la situación narrativa de diálogo, que los reúne en un bar de Buenos Aires mucho tiempo después.
   Su condición de hombre culto  se contrapone con el pragmatismo del comisario, quien no pierde ocasión para denostar y menospreciar ese saber que no lo conduce generalmente a la “verdad” del caso narrado, y tampoco a ninguna verdad.

De esta manera podríamos afirmar que un firme antiintelectualismo, es decir cierto desprecio por los intelectuales, enhebra, en general, los relatos policiales argentinos clásicos ( con comisarios)  marcando un nítido contraste entre la cultura y la vida: una idea de que los libros y la biblioteca no sirven y de que el saber elemental y práctico del hombre simple es la verdad.

      



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