jueves, 12 de mayo de 2016

LA NARRATIVA POLICIAL

LA NARRATIVA POLICIAL

Origen del género policial clásico. 


   A mediados del siglo pasado, más precisamente entre 1841 y 1845, nace en EE.UU un personaje original: el detective. Lo engendra la lúcida y atormentada mente de un escritor, el atormentado Edgar Allan Poe.
   Entre las fechas mencionadas Poe publica tres cuentos fundamentales porque crean un nuevo género literario: la literatura policial y pone en circulación al famoso caballero Augusto Dupin héroe de esta ficción y primero de una inagotable lista que ha ido creciendo y transformándose desde entonces hasta nuestros días. Los cuentos a que nos referimos son: “Los crímenes de la calle Morgue”. “El caso de María Roget” y “La carta robada”.
  De la minuciosa observación de detalles aparentemente “insignificantes” Dupin recogerá los elementos que le sirvan para edificar la fabulosa construcción de sus deducciones. Es un razonador riguroso, que utiliza la inteligencia del matemático para aplicarla a la lógica de los hechos. Pero también es un poeta exquisito que incorporará la sensibilidad y la aguda percepción del artista para penetrar en los secretos del caso.

EL DETECTIVE Y SU AYUDANTE en el policial clásico

   El detective es un personaje que reitera ciertas convenciones: es célibe, no está inserto en la institución familiar y tampoco en la institución policial, ya que trabaja en forma privada. Es un  “amateur” que investiga  por placer, generalmente es rico y no depende de un sueldo para vivir.
Es conocida en la literatura la rivalidad establecida por los integrantes del cuerpo policial, que aparecen siempre como tontos e ineficaces, y los investigadores privados. Por ejemplo, los inspectores de Scotlan Yard compiten con Sherlock Holmes, quien los menosprecia, y a quienes derrota permanentemente en los casos en que les consultan cuando – muy a pesar- no pueden resolver los misterios. Sin embargo no tiene conflictos serios con la policía. Por el contrario, la policía es el espacio final al que su racionalidad conduce, en sus manos deposita al culpable, y sabe, siempre, que esas manos son buenas.
   Ya desde su origen el detective aparece acompañado por un amigo que lo secunda y asiste, y que literariamente tiene importancia fundamental porque es el encargado de narrar las hazañas deductivas del héroe. Dupin cuenta con un amigo abogado con el que comparte su casa en París y con el que efectúa paseos nocturnos por la ciudad, y al que debe explicarle constantemente la evolución de su acelerado razonamiento.
   Este personaje que oficia de su ayudante, tiene una inteligencia un tanto menor que la del lector común- como opina Borges- y vive sorprendiéndose de la genialidad del sabueso y admirándolo incondicionalmente.
   Este tipo de  detective, sedentario personaje, es un experto en causalidad: recorre el camino inverso al efectuado por el delincuente y va de los efectos a las causas  descubriendo los móviles del crimen. Es el héroe indiscutido de la llamada literatura policial de enigma o detectivesca. Los textos que la integran son relatos que parten de un misterio inicial  aparentemente insoluble, seguido de una investigación llevada adelante por el detective- quien utiliza el método deductivo ya mencionado   - y que concluyen con  la revelación de la verdad en una resolución efectista.

 EL ESQUEMA NARRATIVO

Son narraciones que responden a convenciones muy fuertes, tales como que los indicios más superficiales suelen ser los más reveladores y que aquellos personajes que aparecían al principio como sospechosos, son inocentes y a la inversa, el más inocente, es finalmente el culpable.

El ayudante es entonces quien escribe los casos que el investigador ha resuelto con genialidad, y que a su vez se los cuenta a él oralmente.  A veces el ayudante asiste a la investigación y en esas situaciones también recibe explicaciones del detective, que despliega todas las luces de su raciocinio ante la mirada encandilada de su acompañante.
   Técnicamente este personaje cumple dos funciones: por un lado es el oyente de las aventuras que el héroe le relata- y en este caso opera como narratario, es decir aquel a quien se le dirige la narración y por lo tanto como representante interno del lector  - y por otro es narrador a su vez de esa historia porque escribe lo que el otro le ha contado.
   Gráficamente este esquema narrativo lo podríamos diagramar  así:

                                                        RELATO POLICIAL

                                                               Le cuenta una
NARRADOR ORAL    ………………..                                                aventura a                               NARRATARIO   
                                                                                        ( por ej.  Sherlok Holmes)                                                                        (por ej.  Watson)




                                                                escribe la
NARRADOR                                            historia                                   NARRATARIO                    
( Dr. Watson)                                          escuchada
EL POLICIAL NEGRO

  Produce un quiebre con el policial clásico, ya que se introduce en el relato el mundo de la marginalidad y de los negocios turbios. Se denuncia a una sociedad que tiene como máquina central el dinero. La violencia, la injusticia, la corrupción y la marginalidad.
Una diferencia fundamental entre la narrativa de enigma y la policial negra: en la primera no es la sociedad la que está enferma, es el asesino, y una vez descubierto todo vuelve a la normalidad de una burguesía que desarrolla su poder histórico sin sobresaltos; en la segunda la enferma es la sociedad, el crimen responde a su lógica interna y no al desvarío de una conciencia individual.
   El detective en los relatos policiales negros es un profesional que cobra dinero por su trabajo y usa los mismos métodos violentos que sus perseguidos, pero se diferencia de ellos porque es incorruptible. Es un duro que devuelve siempre los golpes que recibe y no perdona a nadie.
Generalmente sus investigaciones provocan nuevos crímenes, pero él permanece imperturbable frente a esa vorágine de muertes, dinero y delincuencia. Philip Marlowe, de  Raymond Chandler y Sam Spade, de Dashiell Hammett, son dos de los más famosos representantes de estas narraciones.
   En la actualidad, el detective tiende a desaparecer del género que lo creó  porque la literatura policial se ha ido mezclando gradualmente con otro tipo de textos, como los de ciencia-ficción o de espionaje, y es difícil encontrarlos con características definidas como en la etapa de la novela de enigma o novela negra. Más bien podríamos decir que diferentes escritores hacen un uso tangencial del género, entrando y saliendo de él. Aparece así la investigación como motor de relatos que se cruzan con otras fórmulas narrativas y que logran nuevas especies literarias como la conocida como “ ficción paranoica”.

    

EL SOSPECHOSO

   Es interesante señalar el modo cómo el género policial muchas veces se refiere al sospechoso trabajando el prejuicio social. Normalmente aquel sobre el que rece las sospechas es un personaje secundario, que representa a un integrante de una clase social diferente al de los personajes principales, o pertenece a un grupo social minoritario, marginado por la sociedad. Por eso, en la novela anglosajona de enigma, con frecuencia, el sospechoso número uno es el mucamo o el mayordomo, y en la policial negra norteamericana, los judíos, negros y portorriqueños integran la lista de sospechosos. En nuestro país, especialmente después de la inmigración interna  durante el primer gobierno peronista, el prejuicio social ha recaído sobre el provinciano morocho, inculto y desprotegido, conocido como “ cabecita negra”

EL AMBITO: LA CIUDAD EN EL POLICIAL NEGRO

   Relacionado con el tema del sospechoso aparece en la literatura policial el tema de la gran ciudad. El origen del género coincide con la llegada de grandes multitudes a las ciudades en busca de trabajo y nuevas formas de vida urbana. En esa sociedad masificada cada integrante es un desconocido para los demás y el anonimato que cubre a todos favorece al criminal que puede esconderse entre la masa y pasar inadvertido.
   La ciudad es también un elemento fundamental en la literatura policial negra, que floreció en EE.UU y cuyo origen puede fijarse con la publicación del cuento “Los asesinos” del escritor norteamericano Ernesto Hemingway. En el ámbito de las grandes ciudades contemporáneas, especialmente en los suburbios y los bajos fondos, tienen lugar los violentos relatos que corresponden a este especie literaria. Tenemos aquí a un detective completamente transformado. Ya no es el pulcro investigador de escritorio, sino que se mueve en los mismos sórdidos ambientes en los que roban y matan los delincuentes y usa como ellos la fuerza de sus puños y la infalibilidad de su puntería.
 



 

NARRATIVA POLICIAL ARGENTINA

ORIGEN DE LA FIGURA DEL COMISARIO

  El escritor argentino J.L.Borges  pensaba que las culturas periféricas, como la argentina o la sudamericana, podían innovar y manejar todos los temas europeos “ con una irreverencia que puede tener y ya tiene, decía, consecuencias afortunadas. Esta idea la pone en práctica en “La muerte y la brújula”, un relato en el que las clásicas convenciones del género policial se transgreden. Allí, el detective Lonnrot, un razonador puro, se equivoca en su investigación y ese error lo lleva a la muerte. En la búsqueda del culpable de un triple asesinato lo acompaña el comisario Treviranus, un hombre que rinde culto al sentido común y cuyo saber está basado en la experiencia que le da el contacto con la realidad. Discute con Lonnrot el procedimiento para dilucidar el misterio y piensa que “ no hay que buscarle tres pies al gato”
   Con la incorporación de este comisario criollo, Borges inaugura para la tradición literaria policial argentina la figura del personaje que tiene a su cargo el develamiento del enigma, pero con características bien diferentes de las que vimos cuando analizamos al detective de procedencia anglosajona.
   Efectivamente, era imposible pensar por estas latitudes en un detective aristocrático, que se dedicara a la investigación del crimen por mero placer. Mucho más creíble resulta por supuesto, ese comisario rudimentario, con una inteligencia práctica, un hombre inculto pero profundo conocedor del alma humana.
   Borges, entonces, incorpora, como decíamos, el equivalente criollo del detective inglés, iniciando de esta manera una tradición a la que se plegarán otros escritores interesados en el género.

  El momento de auge de la literatura policial argentina lo ubicamos fundamentalmente en las décadas del 40 y 50.
Los comisarios  en la literatura policial argentina comparten una característica que los emparenta: el sentido común.
   Para despejar la incógnita de quién cometió el crimen, el clásico detective de la novela inglesa recurría a su prodigiosa inteligencia y en alardes de vanidad resolvía cada uno de los casos que se presentaban aplicando el método deductivo con una lógica implacable. Su enorme capacidad analítica. , acompañada de una refinada cultura, dejaban boquiabiertos a sus infaltables acompañantes y por supuesto al lector.
   Nuestros comisarios, en cambio, son hombres sencillos que para descubrir al culpable apelan a la enorme experiencia que les ha dado el trajinar por distintas comisarías a lo largo y ancho del país. Generalmente son provincianos y comparten con el detective clásico su condición de célibes. Suelen ser solteros o viudos, están solos, cobran un sueldo por su trabajo y no tienen familia.
   En el interior del relato, estos hombres narran sus aventuras justicieras a un interlocutor que puede ser un periodista o escritor, desde la serenidad que les proporciona su condición de comisarios retirados de la institución policial a la que han pertenecido cuando eran jóvenes. Esa institución policial tan criticada en el relato clásico por su ineficacia, es aquí el marco que les proporciona innumerables historias que pueblan la memoria de estos hombres maduros, alejados ya del servicio activo.
   Don Frutos Gómez de Ayala Gauna y Laurenzi de Rodolfo Walsh son seguramente los comisarios de nuestra narrativa que han alcanzado una mayor hondura psicológica y humana. Su relación con la institución es equívoca o por lo menos azarosa. De la lectura de los relatos nos enteramos que Laurenzi y  don Frutos son comisarios casi por casualidad, el destino los ha colocado allí sin que mediara la más mínima elección.
Por ejemplo don Frutos , de estatura mediana, robusto, de ojos pequeños y renegridos, es el símbolo de la picardía criolla: un  típico paisano correntino, más astuto que inteligente, pero conocedor profundo de los hombres, es además, humilde y generoso. Don Frutos sabe que cuando roba el rico es “cleptomanía”, y que cuando lo hace el pobre es “delito”. Con su particular modo de ejercer la justicia complementa las faltas y los fallos de la justicia institucional.

ESQUEMA NARRATIVO


   En muchos relatos de la producción argentina, la situación narrativa es similar a la del cuento clásico de procedencia inglesa, pero en nuestro caso se produce una variante importante: el ayudante, en su doble función de receptor del relato que el detective le cuenta (en este caso, el comisario), y al mismo tiempo narrador de lo que escucha, es reemplazado en nuestra producción local, por un periodista o escritor, que no ha participado de los hechos por la simple razón de que éstos ocurrieron en un pasado lejano a la situación narrativa de diálogo, que los reúne en un bar de Buenos Aires mucho tiempo después.
   Su condición de hombre culto  se contrapone con el pragmatismo del comisario, quien no pierde ocasión para denostar y menospreciar ese saber que no lo conduce generalmente a la “verdad” del caso narrado, y tampoco a ninguna verdad.

De esta manera podríamos afirmar que un firme antiintelectualismo, es decir cierto desprecio por los intelectuales, enhebra, en general, los relatos policiales argentinos clásicos ( con comisarios)  marcando un nítido contraste entre la cultura y la vida: una idea de que los libros y la biblioteca no sirven y de que el saber elemental y práctico del hombre simple es la verdad

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