Origen del género policial clásico.
A
mediados del siglo pasado, más precisamente entre 1841 y 1845, nace en EE.UU un
personaje original: el detective. Lo engendra la lúcida y atormentada mente de
un escritor, el atormentado Edgar Allan Poe.
Entre las fechas mencionadas Poe publica tres cuentos fundamentales
porque crean un nuevo género literario: la literatura policial y pone en
circulación al famoso caballero Augusto Dupin héroe de esta ficción y primero
de una inagotable lista que ha ido creciendo y transformándose desde entonces
hasta nuestros días. Los cuentos a que nos referimos son: “Los crímenes de la
calle Morgue”. “El caso de María Roget” y “La carta robada”.
De la
minuciosa observación de detalles aparentemente “insignificantes” Dupin
recogerá los elementos que le sirvan para edificar la fabulosa construcción de
sus deducciones. Es un razonador riguroso, que utiliza la inteligencia del
matemático para aplicarla a la lógica de los hechos. Pero también es un poeta
exquisito que incorporará la sensibilidad y la aguda percepción del artista
para penetrar en los secretos del caso.
EL
DETECTIVE Y SU AYUDANTE en el policial clásico
El detective es un personaje que reitera
ciertas convenciones: es célibe, no está inserto en la institución familiar y
tampoco en la institución policial, ya que trabaja en forma privada. Es un “amateur” que investiga por placer, generalmente es rico y no depende
de un sueldo para vivir.
Es conocida en la literatura la rivalidad
establecida por los integrantes del cuerpo policial, que aparecen siempre como
tontos e ineficaces, y los investigadores privados. Por ejemplo, los
inspectores de Scotlan Yard compiten con Sherlock Holmes, quien los
menosprecia, y a quienes derrota permanentemente en los casos en que les
consultan cuando – muy a pesar- no pueden resolver los misterios. Sin embargo
no tiene conflictos serios con la policía. Por el contrario, la policía es el
espacio final al que su racionalidad conduce, en sus manos deposita al
culpable, y sabe, siempre, que esas manos son buenas.
Ya
desde su origen el detective aparece acompañado por un amigo que lo secunda y
asiste, y que literariamente tiene importancia fundamental porque es el
encargado de narrar las hazañas deductivas del héroe. Dupin cuenta con un amigo
abogado con el que comparte su casa en París y con el que efectúa paseos
nocturnos por la ciudad, y al que debe explicarle constantemente la evolución
de su acelerado razonamiento.
Este
personaje que oficia de su ayudante, tiene una inteligencia un tanto menor que
la del lector común- como opina Borges- y vive sorprendiéndose de la genialidad
del sabueso y admirándolo incondicionalmente.
Este tipo de
detective, sedentario personaje, es un experto en causalidad: recorre el
camino inverso al efectuado por el delincuente y va de los efectos a las causas descubriendo los móviles del crimen. Es el
héroe indiscutido de la llamada literatura policial de enigma o detectivesca.
Los textos que la integran son relatos que parten de un misterio inicial aparentemente insoluble, seguido de una
investigación llevada adelante por el detective- quien utiliza el método
deductivo ya mencionado - y que concluyen
con la revelación de la verdad en una
resolución efectista.
EL ESQUEMA NARRATIVO
Son narraciones que responden a convenciones
muy fuertes, tales como que los indicios más superficiales suelen ser los más
reveladores y que aquellos personajes que aparecían al principio como
sospechosos, son inocentes y a la inversa, el más inocente, es finalmente el
culpable.
El ayudante es entonces quien escribe los
casos que el investigador ha resuelto con genialidad, y que a su vez se los
cuenta a él oralmente. A veces el
ayudante asiste a la investigación y en esas situaciones también recibe
explicaciones del detective, que despliega todas las luces de su raciocinio
ante la mirada encandilada de su acompañante.
Técnicamente este personaje cumple dos funciones: por un lado es el
oyente de las aventuras que el héroe le relata- y en este caso opera como
narratario, es decir aquel a quien se le dirige la narración y por lo tanto
como representante interno del lector -
y por otro es narrador a su vez de esa historia porque escribe lo que el otro
le ha contado.
Gráficamente este esquema narrativo lo podríamos diagramar así:
RELATO POLICIAL
Le cuenta una
NARRADOR ORAL ………………..
aventura a
NARRATARIO
( por ej. Sherlok Holmes)
(por ej. Watson)
escribe la
NARRADOR
historia NARRATARIO
( Dr. Watson) escuchada
EL
POLICIAL NEGRO
Produce un quiebre con el policial clásico, ya que se introduce en el
relato el mundo de la marginalidad y de los negocios turbios. Se denuncia a una
sociedad que tiene como máquina central el dinero. La violencia, la injusticia,
la corrupción y la marginalidad.
Una diferencia fundamental entre la narrativa
de enigma y la policial negra: en la primera no es la sociedad la que está
enferma, es el asesino, y una vez descubierto todo vuelve a la normalidad de
una burguesía que desarrolla su poder histórico sin sobresaltos; en la segunda
la enferma es la sociedad, el crimen responde a su lógica interna y no al
desvarío de una conciencia individual.
El
detective en los relatos policiales negros es un profesional que cobra dinero
por su trabajo y usa los mismos métodos violentos que sus perseguidos, pero se
diferencia de ellos porque es incorruptible. Es un duro que devuelve siempre
los golpes que recibe y no perdona a nadie.
Generalmente sus investigaciones provocan
nuevos crímenes, pero él permanece imperturbable frente a esa vorágine de
muertes, dinero y delincuencia. Philip Marlowe, de Raymond Chandler y Sam Spade, de Dashiell Hammett,
son dos de los más famosos representantes de estas narraciones.
En
la actualidad, el detective tiende a desaparecer del género que lo creó porque la literatura policial se ha ido
mezclando gradualmente con otro tipo de textos, como los de ciencia-ficción o
de espionaje, y es difícil encontrarlos con características definidas como en
la etapa de la novela de enigma o novela negra. Más bien podríamos decir que
diferentes escritores hacen un uso tangencial del género, entrando y saliendo
de él. Aparece así la investigación como motor de relatos que se cruzan con
otras fórmulas narrativas y que logran nuevas especies literarias como la
conocida como “ ficción paranoica”.
EL SOSPECHOSO
Es
interesante señalar el modo cómo el género policial muchas veces se refiere al
sospechoso trabajando el prejuicio social. Normalmente aquel sobre el que rece
las sospechas es un personaje secundario, que representa a un integrante de una
clase social diferente al de los personajes principales, o pertenece a un grupo
social minoritario, marginado por la sociedad. Por eso, en la novela
anglosajona de enigma, con frecuencia, el sospechoso número uno es el mucamo o
el mayordomo, y en la policial negra norteamericana, los judíos, negros y
portorriqueños integran la lista de sospechosos. En nuestro país, especialmente
después de la inmigración interna
durante el primer gobierno peronista, el prejuicio social ha recaído
sobre el provinciano morocho, inculto y desprotegido, conocido como “ cabecita
negra”
EL
AMBITO: LA CIUDAD EN EL POLICIAL NEGRO
Relacionado con el tema del sospechoso aparece en la literatura policial
el tema de la gran ciudad. El origen del género coincide con la llegada de
grandes multitudes a las ciudades en busca de trabajo y nuevas formas de vida
urbana. En esa sociedad masificada cada integrante es un desconocido para los
demás y el anonimato que cubre a todos favorece al criminal que puede
esconderse entre la masa y pasar inadvertido.
La
ciudad es también un elemento fundamental en la literatura policial negra, que
floreció en EE.UU y cuyo origen puede fijarse con la publicación del cuento
“Los asesinos” del escritor norteamericano Ernesto Hemingway. En el ámbito de
las grandes ciudades contemporáneas, especialmente en los suburbios y los bajos
fondos, tienen lugar los violentos relatos que corresponden a este especie
literaria. Tenemos aquí a un detective completamente transformado. Ya no es el
pulcro investigador de escritorio, sino que se mueve en los mismos sórdidos
ambientes en los que roban y matan los delincuentes y usa como ellos la fuerza
de sus puños y la infalibilidad de su puntería.
NARRATIVA POLICIAL ARGENTINA
ORIGEN
DE LA FIGURA DEL
COMISARIO
El
escritor argentino J.L.Borges pensaba
que las culturas periféricas, como la argentina o la sudamericana, podían
innovar y manejar todos los temas europeos “ con una irreverencia que puede
tener y ya tiene, decía, consecuencias afortunadas. Esta idea la pone en
práctica en “La muerte y la brújula”, un relato en el que las clásicas
convenciones del género policial se transgreden. Allí, el detective Lonnrot, un
razonador puro, se equivoca en su investigación y ese error lo lleva a la
muerte. En la búsqueda del culpable de un triple asesinato lo acompaña el
comisario Treviranus, un hombre que rinde culto al sentido común y cuyo saber
está basado en la experiencia que le da el contacto con la realidad. Discute
con Lonnrot el procedimiento para dilucidar el misterio y piensa que “ no hay
que buscarle tres pies al gato”
Con
la incorporación de este comisario criollo, Borges inaugura para la tradición
literaria policial argentina la figura del personaje que tiene a su cargo el
develamiento del enigma, pero con características bien diferentes de las que
vimos cuando analizamos al detective de procedencia anglosajona.
Efectivamente, era imposible pensar por estas latitudes en un detective
aristocrático, que se dedicara a la investigación del crimen por mero placer.
Mucho más creíble resulta por supuesto, ese comisario rudimentario, con una
inteligencia práctica, un hombre inculto pero profundo conocedor del alma
humana.
Borges, entonces, incorpora, como decíamos, el equivalente criollo del
detective inglés, iniciando de esta manera una tradición a la que se plegarán
otros escritores interesados en el género.
El
momento de auge de la literatura policial argentina lo ubicamos
fundamentalmente en las décadas del 40 y 50.
Los comisarios en la literatura policial argentina comparten
una característica que los emparenta: el sentido común.
Para
despejar la incógnita de quién cometió el crimen, el clásico detective de la
novela inglesa recurría a su prodigiosa inteligencia y en alardes de vanidad
resolvía cada uno de los casos que se presentaban aplicando el método deductivo
con una lógica implacable. Su enorme capacidad analítica. , acompañada de una
refinada cultura, dejaban boquiabiertos a sus infaltables acompañantes y por
supuesto al lector.
Nuestros comisarios, en cambio, son hombres sencillos que para descubrir
al culpable apelan a la enorme experiencia que les ha dado el trajinar por
distintas comisarías a lo largo y ancho del país. Generalmente son provincianos
y comparten con el detective clásico su condición de célibes. Suelen ser
solteros o viudos, están solos, cobran un sueldo por su trabajo y no tienen
familia.
En
el interior del relato, estos hombres narran sus aventuras justicieras a un
interlocutor que puede ser un periodista o escritor, desde la serenidad que les
proporciona su condición de comisarios retirados de la institución policial a
la que han pertenecido cuando eran jóvenes. Esa institución policial tan
criticada en el relato clásico por su ineficacia, es aquí el marco que les
proporciona innumerables historias que pueblan la memoria de estos hombres maduros,
alejados ya del servicio activo.
Don
Frutos Gómez de Ayala Gauna y Laurenzi de Rodolfo Walsh son seguramente los
comisarios de nuestra narrativa que han alcanzado una mayor hondura psicológica
y humana. Su relación con la institución es equívoca o por lo menos azarosa. De
la lectura de los relatos nos enteramos que Laurenzi y don Frutos son comisarios casi por
casualidad, el destino los ha colocado allí sin que mediara la más mínima
elección.
Por ejemplo don Frutos , de estatura mediana,
robusto, de ojos pequeños y renegridos, es el símbolo de la picardía criolla:
un típico paisano correntino, más astuto
que inteligente, pero conocedor profundo de los hombres, es además, humilde y
generoso. Don Frutos sabe que cuando roba el rico es “cleptomanía”, y que
cuando lo hace el pobre es “delito”. Con su particular modo de ejercer la
justicia complementa las faltas y los fallos de la justicia institucional.
ESQUEMA NARRATIVO
En
muchos relatos de la producción argentina, la situación narrativa es similar a
la del cuento clásico de procedencia inglesa, pero en nuestro caso se produce
una variante importante: el ayudante, en su doble función de receptor del
relato que el detective le cuenta (en este caso, el comisario), y al mismo
tiempo narrador de lo que escucha, es reemplazado en nuestra producción local,
por un periodista o escritor, que no ha participado de los hechos por la simple
razón de que éstos ocurrieron en un pasado lejano a la situación narrativa de
diálogo, que los reúne en un bar de Buenos Aires mucho tiempo después.
Su
condición de hombre culto se contrapone
con el pragmatismo del comisario, quien no pierde ocasión para denostar y
menospreciar ese saber que no lo conduce generalmente a la “verdad” del caso
narrado, y tampoco a ninguna verdad.
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